
Cómo y desde dónde nos comunicamos: comunicación relacional en el cuidado
22 de septiembre de 2026
Directorio de Asociaciones y Sociedades Científicas de Enfermería 2026
22 de septiembre de 2026De Barry a Unkar: cuando rescatar también es cuidar
COLEGIO OFICIAL DE ENFERMERÍA DE HUESCA .- Cada 4 de octubre se celebra el Día Mundial de los Animales, una fecha que coincide con la festividad de San Francisco de Asís, considerado patrón de los veterinarios. Una buena ocasión para detenernos en algunos animales cuya relación con las personas ha ido mucho más allá de la compañía.
Desde Barry, el célebre San Bernardo del Gran San Bernardo, hasta Unkar, la perra que participa hoy en rescates en el Pirineo aragonés, hay una historia que merece ser contada: la de animales que forman parte de equipos humanos y contribuyen, cada uno desde su función, a que una persona pueda recibir ayuda.
Una historia que empezó con un barril
Hay imágenes que conocemos tan bien que dejamos de preguntarnos si ocurrieron realmente. Un San Bernardo avanzando por la nieve con un pequeño barril al cuello es una de ellas.
La imagen es casi perfecta: nieve, montaña, un viajero perdido y un perro que llega para salvarlo. El problema es que ese pequeño barril pertenece más a la leyenda que a la historia documentada de los perros del Gran San Bernardo, como explica el Museo de Historia Natural de Berna.
Barry, sin embargo, sí existió. Nació en 1800 y trabajó en el Hospicio del Gran San Bernardo, donde los religiosos salían acompañados de sus perros para buscar viajeros perdidos en la nieve. Barry participó en esa labor y se convirtió en el más famoso de aquellos perros.
La Fondation Barry le atribuye más de cuarenta vidas salvadas, aunque su historia quedó rodeada de leyendas y no existen registros individuales que permitan verificar todos los rescates que se le atribuyen.
La historia real de Barry no necesita convertirse en una leyenda para resultar extraordinaria.
Y tampoco era la historia de un animal actuando por su cuenta. Detrás de aquellos perros había personas, conocimiento del terreno, experiencia y decisiones.
Dos siglos después, la montaña sigue necesitando ayuda
La montaña ha cambiado y también lo ha hecho el rescate.
En el Pirineo aragonés, perros como Unkar participan actualmente en la búsqueda de personas sepultadas por aludes. Esta pastor belga malinois, guiada por el guardia civil Kiko Navarro, participó a comienzos de 2026 en la localización de una persona sepultada por un alud en el valle de Bielsa.
Según explicó su guía al Diario del Alto Aragón, Unkar tardó entre 10 y 12 minutos en detectar el punto donde se encontraba la víctima.
Su historia dice mucho de cómo se realiza hoy un rescate. Unkar no trabaja de forma independiente: lo hace junto a su guía y dentro de un equipo especializado. Su capacidad para localizar a una persona permite saber dónde actuar y poner en marcha la extracción.
El perro localiza. El equipo rescata. Y después empieza otra parte de la historia.
Porque encontrar a una persona no es lo mismo que completar su rescate.
Después de la señal de Unkar, la operación cambia de manos una y otra vez. Hay que acceder hasta la víctima, extraerla teniendo en cuenta su estado y las condiciones del entorno, valorar qué necesita y evitar que la situación empeore. Después llegará la estabilización, la evacuación y el transporte.
El rescate no termina cuando aparece la víctima
La atención urgente no comienza cuando el paciente cruza la puerta de un hospital.
La Organización Mundial de la Salud describe la atención de emergencias como un continuo que incluye las actuaciones en el lugar del incidente, durante el transporte y en los servicios de urgencias y la atención hospitalaria inicial.
Aquí es donde esta historia conecta, de una manera quizá inesperada, con la enfermería.
No porque un perro de rescate sea un “enfermero”. No lo es. Sus funciones son completamente distintas. La conexión está en otro lugar: en una emergencia, cada intervención permite que la siguiente pueda producirse.
Unkar puede localizar a una persona sepultada. Su guía interpreta la señal. El equipo de rescate accede hasta ella. Los profesionales sanitarios valoran su estado, previenen complicaciones y la estabilizan. Después, otros profesionales reciben al paciente y continúan sus cuidados.
La propia OMS señala que la atención de emergencias se desarrolla en diferentes puntos del sistema y requiere la participación coordinada de distintos profesionales.
Ninguna de estas actuaciones completa por sí misma la cadena.
Las historias de rescate suelen detenerse en el momento más espectacular: el perro que encuentra, el rescatador que llega, la persona que aparece bajo la nieve. Pero después de ese instante comienza una parte menos visible y no menos importante: conseguir que la ayuda continúe.
Quizá por eso deberíamos mirar de otra manera aquella vieja imagen del San Bernardo con su barril.
El barril pertenece a la leyenda. Barry y los perros del hospicio, en cambio, forman parte de una historia documentada de perros utilizados para ayudar a viajeros en la montaña. Y la historia de Unkar pertenece a otra etapa: la de equipos especializados en los que el perro, su guía, los rescatadores y los profesionales sanitarios desempeñan funciones diferentes dentro de una misma operación.
Quizá lo que permanece no sea la figura del perro héroe, sino algo más sencillo: encontrar a quien necesita ayuda es solo el primer paso. Después empieza la cadena de cuidados.
