Diez años caminando juntos: cuando la enfermería comunitaria también crea vínculos

13 de octubre de 2026

Los Paseos Saludables del Centro de Salud Ramón y Cajal de Huesca cumplen diez años promoviendo la actividad física, el bienestar emocional y las relaciones sociales. Hablamos con Noelia Bibiano, enfermera responsable de la iniciativa, sobre cómo una caminata puede convertirse en una herramienta para cuidar la salud de las personas y fortalecer los vínculos en el barrio.

Caminar es una actividad cotidiana que puede convertirse en una oportunidad para cuidar la salud, compartir tiempo con otras personas y mejorar el bienestar. Esa es la filosofía de los Paseos Saludables del Centro de Salud Ramón y Cajal de Huesca, una iniciativa de salud comunitaria que comenzó en 2015 y que, diez años después, continúa formando parte de la actividad del centro.

El programa se desarrolla en sesiones grupales, donde los recorridos y los ejercicios se adaptan al nivel físico de las personas participantes, con atención a su seguridad y a sus necesidades. Pero la propuesta va más allá de caminar: también ofrece un espacio de encuentro, acompañamiento y promoción de la salud en el que la enfermería comunitaria desempeña un papel fundamental.

La iniciativa nació de la mano de la enfermera María Rosa Gimeno y fue recuperada en 2022 por Adriana Azagra, después del paréntesis provocado por la pandemia. Actualmente, la coordinación corresponde a Noelia Bibiano. El proyecto cuenta con 30 participantes y una lista de espera.

Hablamos con ella sobre lo que sucede cuando la actividad física se convierte también en una forma de acompañar, prevenir y cuidar.

«La continuidad de esta actividad significa el compromiso real de nuestro equipo por la salud comunitaria»

Diez años después, ¿qué significa para ti que los Paseos Saludables sigan formando parte de la vida del centro de salud?

Para mí, significa el compromiso real de nuestro equipo por la salud comunitaria y la firme convicción de que podemos mejorar el bienestar de la población a la que atendemos.

También me siento orgullosa de que nuestro centro sea reconocido en Huesca como referente en esta iniciativa y en otras propuestas comunitarias, como la primera Fiesta de la Salud, celebrada el pasado 31 de marzo.

«Nadie se queda atrás, todo el mundo apoya y motiva a mejorar»

¿Qué suele encontrar una persona cuando se anima a venir por primera vez a uno de estos paseos?

La valoración general de quienes participan es que la actividad supera sus expectativas. Muchas personas no imaginaban que fuera tan completa desde el punto de vista físico, con ejercicios y recorridos adaptados a su nivel y con especial atención a su salud y seguridad.

Tampoco esperan encontrar una atención tan cercana por parte del equipo de enfermería, pendiente de las posibles dificultades que puedan surgir durante la actividad y dispuesto a escuchar otras cuestiones que les preocupan.

Y, por supuesto, descubren que pueden hacer ejercicio en un ambiente divertido y motivador, sin prejuicios y acompañadas por un grupo abierto y extrovertido.

Mucho más que caminar: salud física, bienestar emocional y relaciones sociales

El proyecto va bastante más allá del ejercicio físico. ¿Qué cambios o beneficios habéis observado en las personas que participan?

Efectivamente, no se trata solo de mantenerse en forma. A través de las consultas de enfermería y medicina podemos detectar necesidades o aspectos de salud que conviene mejorar, como el sedentarismo, cuestiones relacionadas con el peso, la soledad no deseada, el aislamiento social o la falta de autoestima y motivación.

La confianza de los pacientes en los profesionales nos permite explicarles los beneficios de la actividad física y animarles a participar. A partir de ahí, podemos acompañarles y observar los cambios que se van produciendo.

El grupo ha crecido año tras año hasta alcanzar las 30 personas actuales. Por cuestiones logísticas y para mantener la calidad de la actividad, tenemos lista de espera. Algunas personas llegan por recomendación profesional y otras muchas por el interés que hemos despertado en el barrio.

La idea inicial era que todas las personas tuvieran la oportunidad de participar y que pudieran incorporarse otras nuevas cuando se alcanzaran los objetivos previstos. Pero hemos creado un grupo tan persuasivo que algunas participantes se niegan a marcharse. ¡Sus razones nos han dejado sin argumentos!

Hemos observado muchos cambios. Quizá el más importante sea cómo han conectado socialmente personas que, en muchos casos, no se conocían de nada. Esa relación no se limita al horario de los paseos: sabemos que hay pequeños grupos que quedan otros días para caminar, tomar un café, ir de compras o incluso salir a bailar.

Algunas mujeres llegaron sintiéndose solas por circunstancias como la viudedad, el cuidado de sus parejas o la falta de amistades y familiares cercanos. Ahora se sienten comprendidas y acompañadas. Noelia señala que algunas compañeras médicas del centro han observado una posible reducción de las visitas médicas periódicas en ciertos casos, que relacionan con esta evolución.

Hablo en femenino porque la mayoría de las personas participantes son mujeres, aunque también hemos tenido y tenemos hombres en el grupo.

Durante las sesiones fomentamos el sentimiento de equipo: nadie se queda atrás, todo el mundo apoya, anima y motiva a mejorar. Y, sobre todo, nadie es mejor que nadie.

En el plano físico, hemos observado mejoras en el peso en algunos casos, un aumento progresivo de la resistencia al ejercicio y una mayor disposición a mantenerse activas. También hay personas que experimentan cierto alivio del dolor o que consiguen olvidarse de él durante un rato.

Además, aprovechamos las sesiones para abordar cuestiones de promoción, prevención y cuidado de la salud que interesan al grupo, incluso de manera individualizada.

Y no todo es caminar: nuestro grupo no perdona el café navideño ni el almuerzo saludable de final de curso, que ya se han convertido en tradición.

También nosotros, los profesionales, obtenemos satisfacción personal, reconocimiento y motivación. A mí, esta experiencia me recuerda por qué elegí esta profesión.

«Siento una gran responsabilidad: mejorar las expectativas cada año»

Has cogido el relevo de un proyecto que comenzó María Rosa Gimeno y que después recuperó Adriana Azagra. ¿Qué supone para ti continuar ese trabajo?

Por un lado, me encuentro en una situación privilegiada por el camino que me han allanado mis compañeras. Por otro, siento una gran responsabilidad: la de mejorar las expectativas cada año.

Sigo creyendo firmemente en este proyecto y trato de aportar nuevas iniciativas, incorporando mi propia esencia y dando ejemplo de vida saludable, optimismo, empatía y aceptación social. Creo que todo eso deja huella en los demás.

Aunque yo coordine la gestión de los Paseos Saludables, la actividad no sería posible sin la colaboración de mis compañeros del Equipo de Atención Primaria y, especialmente, del equipo de enfermería.

«Con una sencilla caminata cuidamos de la salud física y psicosocial»

Si una enfermera de otro centro de salud estuviera pensando en poner en marcha algo parecido, ¿qué le dirías?

Le animaría a embarcarse en esta actividad sin dudarlo. Es una oportunidad más para dar a conocer el amplio abanico de posibilidades que ofrece la enfermería comunitaria.

Con una sencilla caminata cuidamos de la salud física y psicosocial de las personas a las que acompañamos y, al mismo tiempo, encontramos una motivación para seguir llevando nuestra profesión a lo más alto.

Diez años después, los Paseos Saludables del Ramón y Cajal demuestran que las iniciativas comunitarias pueden abrir espacios de encuentro en los que la actividad física, la prevención y las relaciones personales forman parte de una misma manera de cuidar. Una experiencia construida a lo largo del tiempo gracias a la implicación de los profesionales y de las personas que, semana tras semana, siguen caminando juntas.