COLEGIO OFICIAL DE ENFERMERÍA DE HUESCA .- Cada 17 de septiembre, la Organización Mundial de la Salud (OMS) celebra el Día Mundial de la Seguridad del Paciente, una fecha que busca sensibilizar sobre la importancia de prevenir los daños evitables en la atención sanitaria.
Este año, el lema elegido es «Cuidados seguros para todos los recién nacidos y todos los niños», con el objetivo de poner el foco en la necesidad de garantizar una atención libre de daños desde el inicio de la vida y promover medidas específicas de seguridad en el ámbito pediátrico y neonatal.
La literatura científica ha mostrado que los pacientes pediátricos son especialmente vulnerables y tienen mayor probabilidad de sufrir errores o eventos adversos, sobre todo en las Unidades de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN).
Los incidentes más frecuentes incluyen errores de medicación (incluidos en nutrición), fallos en el tratamiento, problemas de identificación del paciente y complicaciones durante procedimientos diagnósticos. Detectar sus causas y diseñar estrategias eficaces para evitarlos sigue siendo un reto central para los sistemas de salud.
Las instituciones sanitarias juegan un papel esencial en este proceso, fomentando una cultura organizativa orientada a la seguridad, capaz de identificar errores, analizarlos y poner en marcha programas de mejora. Pero hay otro factor clave que no puede olvidarse: la participación activa del paciente y de sus familias.
La alfabetización en salud se reconoce hoy como un elemento clave para garantizar la seguridad del paciente. No se trata solo de poder leer información médica, sino de comprenderla, evaluarla críticamente e incluso cuestionar indicaciones clínicas.
La ausencia de estrategias de comunicación adaptadas al nivel de alfabetización de pacientes y familias puede provocar errores graves: confusiones con medicamentos, instrucciones poco claras, información contradictoria o dificultades para entender el alta médica. Estos riesgos son especialmente altos en pediatría, donde la seguridad depende de la correcta actuación de madres, padres o cuidadores.
Por el contrario, cuando las familias logran un buen nivel de alfabetización en salud, participan de forma activa: formulan preguntas, verifican tratamientos y pueden incluso detectar errores antes de que ocurran. Esto convierte a los pacientes y sus familias en agentes corresponsables de su propia seguridad.
Las instituciones también tienen responsabilidad en este ámbito. Se habla de “health literate organizations” para referirse a aquellas que comunican de manera clara, accesible y adaptada a cada persona.
Estrategias como el uso de lenguaje sencillo, apoyos visuales, el método teach-back (pedir que el paciente repita con sus palabras las instrucciones recibidas) o la elaboración de guías y listas de verificación han demostrado reducir errores de medicación y mejorar la adherencia a los tratamientos.
En España, aunque aún no existen hospitales reconocidos oficialmente con este enfoque, ya hay centros que desarrollan proyectos de medición del nivel de alfabetización de pacientes y profesionales, además de programas de educación sanitaria para familias.
En nuestra comunidad, diferentes entidades trabajan para mejorar la alfabetización en salud y el acceso a información fiable:
La alfabetización en salud no debe entenderse como un complemento, sino como un componente esencial de la seguridad del paciente. Promoverla significa empoderar a las personas, garantizar una atención más segura y avanzar hacia un sistema sanitario centrado en el paciente y basado en la información fiable.
En este Día Mundial de la Seguridad del Paciente, desde el Colegio de Enfermería de Huesca reafirmamos nuestro compromiso con la seguridad, la información veraz y la participación activa de pacientes y familias, pilares fundamentales para lograr una atención sanitaria libre de daños.
Fuente: OCODES, “La alfabetización en salud como pilar de la seguridad del paciente”