COLEGIO OFICIAL DE ENFERMERÍA DE HUESCA .- Las últimas semanas han dejado numerosos rescates en el Pirineo aragonés relacionados con caídas, agotamiento, deshidratación y golpes de calor. Aunque cada incidente tiene circunstancias diferentes, los equipos de rescate señalan con frecuencia factores que se repiten: la fatiga acumulada, las altas temperaturas y la sobreestimación de las propias capacidades.
Cuando pensamos en el cansancio solemos asociarlo a una disminución del rendimiento físico. Sin embargo, la evidencia científica muestra que la fatiga también puede hacer menos eficientes funciones como la atención, la concentración o la toma de decisiones, lo que puede dificultar una valoración adecuada del riesgo.
Durante un esfuerzo físico prolongado, especialmente en condiciones de calor o con una hidratación insuficiente, el organismo activa continuamente mecanismos para mantener estable su funcionamiento interno. En fisiología, este proceso se conoce como homeostasis.
Cuando el esfuerzo se prolonga y aparece la fatiga, algunas funciones cognitivas pueden volverse menos eficientes. En estas circunstancias puede resultar más difícil mantener la atención, valorar correctamente el entorno o reconocer que ha llegado el momento de detenerse.
En la práctica, esto puede traducirse en situaciones muy habituales en montaña: subestimar el tiempo que queda para finalizar una ruta, minimizar las señales de agotamiento o continuar avanzando cuando el margen de seguridad ya se ha reducido.
No se trata de una cuestión de experiencia o de fuerza de voluntad. La fatiga forma parte de la respuesta normal del organismo al esfuerzo prolongado y puede influir en la forma en que evaluamos una situación.
Las altas temperaturas propias del verano añaden un factor adicional. La pérdida de líquidos y el aumento de la temperatura corporal incrementan el esfuerzo que debe realizar el organismo para mantener su equilibrio interno y pueden acelerar la aparición de la fatiga.
Por este motivo, los golpes de calor, la deshidratación y el agotamiento son algunos de los problemas más frecuentes durante los meses estivales, especialmente en actividades de larga duración o desarrolladas en las horas centrales del día.
La planificación de la actividad, una hidratación adecuada, la elección de horarios más frescos y la adaptación de la ruta a las capacidades reales del grupo son medidas fundamentales para reducir riesgos.
Pero existe otra herramienta igual de importante: reconocer cuándo el cansancio puede estar empezando a influir en nuestras decisiones.
En montaña, dar media vuelta, modificar el itinerario o renunciar a una cima no siempre significa fracasar. En muchas ocasiones es precisamente la decisión que permite regresar con seguridad.
“Si notan que no pueden continuar, lo mejor es darse la vuelta. No es ninguna derrota, es una auténtica victoria. La montaña siempre va a estar ahí y se puede volver en cualquier momento”. Baín Gutiérrez, teniente jefe del GREIM de Jaca. Entrevista en El Español Aragón.
La montaña ofrece beneficios físicos y emocionales indudables, pero también exige escuchar las señales del cuerpo.
Comprender que la fatiga no solo afecta al rendimiento físico, sino que también puede influir en cómo valoramos una situación y tomamos decisiones, es una herramienta más para disfrutar de la montaña con seguridad.