COLEGIO OFICIAL DE ENFERMERÍA DE HUESCA .- María Sangrós explica el papel clave de la enfermería en la promoción de la salud y la lucha contra los bulos alimentarios.
La nutrición es uno de los pilares fundamentales de la salud. Pero alimentarse bien no depende solo de saber qué es saludable: también influyen el entorno, la educación, la cultura y los recursos disponibles..
Hablamos con María Sangrós, quien reflexiona sobre el papel de la enfermería comunitaria en la promoción de hábitos saludables, la importancia de combatir la desinformación y la necesidad de adaptar los consejos nutricionales a cada persona.
“La alimentación y los cuidados comunitarios van de la mano”.
Desde la consulta de Atención Primaria, la enfermería comunitaria no solo trata enfermedades: también trabaja en prevención y promoción de la salud. La alimentación forma parte esencial de ese enfoque.
Acompañar a las personas para que adopten hábitos alimentarios saludables y sostenibles en el tiempo es una de las funciones más relevantes en la práctica diaria.
En los últimos años han aumentado los mitos sobre alimentación: dietas milagro, eliminación de grupos de alimentos o recomendaciones sin base científica.
Ante esta situación, María lo tiene claro:
“Combatir los mitos no consiste solo en desmentirlos, sino en fortalecer la autonomía de las personas”.
La educación sanitaria es una herramienta clave. No se trata solo de decir qué es verdad o mentira, sino de ayudar a la población a desarrollar pensamiento crítico y tomar decisiones informadas sobre su alimentación.
Además, el enfoque comunitario permite comprender mejor cada situación:
“El enfoque comunitario nos permite ver más allá: recursos, creencias, rutinas y barreras”.
Cuando hablamos de nutrición, no solo importa la cantidad de alimentos disponibles. También es esencial su calidad y seguridad.
María explica que:
“La calidad nutricional y la seguridad alimentaria son dos conceptos profundamente interrelacionados que garantizan que las personas no solo tengan acceso a alimentos suficientes, sino que estos sean adecuados, saludables y seguros para su consumo”.
En resumen, no se trata solo de comer suficiente, sino de comer seguro y nutritivo.
Esto es especialmente importante en el ámbito de la salud comunitaria, donde influyen factores sociales y económicos.
Uno de los mayores retos en la consulta es adaptar las recomendaciones nutricionales a realidades muy distintas.
“Parto de una escucha activa para que los consejos sean prácticos y aplicables en la vida diaria de cada persona”.
Cada paciente tiene circunstancias diferentes: horarios, presupuesto, tradiciones familiares o limitaciones de salud. La enfermería comunitaria actúa como puente entre la evidencia científica y la vida cotidiana.
“La enfermera comunitaria es el puente entre el conocimiento científico y la vida cotidiana”.
La nutrición no es solo una cuestión de dieta. Es educación, acompañamiento, prevención y contexto social.
La enfermería comunitaria desempeña un papel clave en la construcción de comunidades más saludables, ayudando a las personas a desarrollar hábitos alimentarios adecuados, seguros y sostenibles.
Porque promover la salud empieza, muchas veces, por algo tan cotidiano como lo que ponemos en el plato.