Conoce a tu enfermera: Deborah Villamayor “En Noruega se cuida al trabajador, y eso se nota en los pacientes”

Conoce a tu enfermera: Deborah Villamayor “En Noruega se cuida al trabajador, y eso se nota en los pacientes”

COLEGIO OFICIAL DE ENFERMERÍA DE HUESCA .- El debate sobre la fuga de enfermeras españolas no es nuevo, pero cada año los datos confirman que el problema va en aumento. Según el Consejo General de Enfermería, en 2024 más de un millar de profesionales solicitaron el certificado de buena conducta —requisito indispensable para ejercer fuera de nuestras fronteras—, un 300% más que en 2021. Reino Unido, Francia y Noruega son algunos de los destinos preferidos por las enfermeras que buscan lo que España, de momento, sigue sin ofrecer: estabilidad, reconocimiento y conciliación.

Entre ellas está Deborah Villamayor, enfermera colegiada en Huesca con 14 años de experiencia en el sector extrahospitalario, principalmente en el 061. Su historia refleja con claridad las razones por las que tantas compañeras y compañeros hacen las maletas.

Una decisión meditada

“Uno de los motivos fue mejorar mi vida profesional en cuanto a calidad y reconocimiento laboral”, explica Deborah. Durante más de una década, trabajó en los mismos vehículos y con el mismo uniforme que los compañeros del sistema público, pero bajo gestión privada. La diferencia, sin embargo, era notable: ni el salario, ni los derechos, ni la puntuación en las bolsas de empleo le permitían acceder a la estabilidad laboral. “Es una situación que espero cambie en un futuro, porque, si he querido acceder al sector público en ese mismo ámbito laboral, no ha sido posible”, lamenta.

La conciliación familiar fue otro de los factores clave. “Aquí existe”, asegura al hablar de Noruega. El país escandinavo, además, ofrece una relación enfermera-paciente muy distinta a la que conocía en España: “No tienes cargas desorbitadas. El confort del trabajador es prioritario, y si el trabajador está cuidado, mejor será el cuidado que preste”.

Otra forma de entender la enfermería

Al llegar a Noruega, Deborah se sorprendió por la manera en que se accede a un puesto estable: cuenta más la experiencia real y la entrevista personal que una lista de puntos o una oposición. “En España dependes de la bolsa o de exámenes. Aquí, tu trayectoria profesional, independientemente de si fue en el ámbito público o privado, se valora. Todos los años trabajados cuentan, y eso se refleja en el salario”, explica.

El sistema noruego, además, ofrece 26 especialidades de enfermería, con itinerarios accesibles y oportunidades para quienes deseen formarse. “Para mí es un privilegio. Incluso te ofrecen facilidades para obtener la especialidad dentro del propio puesto de trabajo. En España, el sistema del EIR complica mucho las cosas”.

Pero si algo destaca, es el clima laboral. “En Noruega se reúnen una o dos veces por semana para analizar cada caso de manera individual y ver qué se puede mejorar. Es un verdadero trabajo en equipo. También valoran mucho la convivencia: todos los días compartimos el almuerzo y se fomenta un ambiente positivo y agradable”.

El día a día en otro entorno

Su primera experiencia en Noruega fue en un servicio de atención domiciliaria. “Cada guardia dispones de una lista de pacientes y se les atiende en su casa. Son, sobre todo, tratamientos crónicos no complicados que pueden realizarse en el domicilio. El paciente está en su entorno, tranquilo, y eso mejora su manera de recibir el tratamiento”, recuerda.

Otro aspecto que le sorprendió fue el control exhaustivo de la medicación. “No hay desperdicio, cada tratamiento está contabilizado y se entrega solo lo necesario, ya sea semanal o mensualmente. Es un sistema mucho más eficiente”.

Ventajas, retos y adaptación

Las diferencias salariales son notables —los sueldos de las enfermeras en Noruega superan ampliamente a los españoles—, pero Deborah insiste en que emigrar no es solo una cuestión económica. “El idioma es un reto, al igual que la adaptación a una cultura muy diferente: el frío, la falta de sol, la vida social tan distinta… todo eso puede pesar. Hay que venir con la mente abierta, con ganas de integrarse y de involucrarse en otra forma de vida”.

Pese a los desafíos, la experiencia está resultando enriquecedora tanto en lo profesional como en lo personal. La jornada laboral de 35,5 horas semanales, la limitación de trabajar solo uno de cada tres fines de semana y la abundancia de actividades para los niños han mejorado la calidad de vida de su familia. “En Noruega la vida está afuera: en la montaña, en los bosques, en el deporte. Si te gusta la naturaleza y la tranquilidad, este es tu lugar”, asegura.

Consejos para quienes piensen dar el salto

Con la experiencia adquirida, Deborah anima a quienes se planteen emigrar a planificarlo bien. “Hay diferentes formas de hacerlo: por cuenta propia o con ayuda de empresas especializadas. En mi caso conté con “Hallo Noruega”, que me acompañó en el proceso de papeleo, idioma y búsqueda de empleo. Llegar con un buen nivel de idioma te da tranquilidad, y eso es fundamental”.

A quienes sueñan con probar suerte fuera les advierte de no idealizar: “Los inicios son duros, pero poco a poco se aprende. Yo lo recomiendo al cien por cien, siempre que se venga con paciencia y disposición para adaptarse”.


Un futuro incierto en España

Mientras Deborah construye su vida en Noruega, en España el debate continúa abierto. El presidente del Consejo General de Enfermería, Florentino Pérez Raya, ha insistido en la necesidad de mejorar las condiciones laborales, acabar con la temporalidad y valorar la formación de las enfermeras españolas. Solo así, defiende, se podrá frenar la marcha de profesionales y, en un futuro, favorecer su regreso.

Historias como la de Deborah ponen rostro a una realidad que va mucho más allá de las cifras. Una enfermera con experiencia, compromiso, ciencia y vocación, que en su propio país no encontró las condiciones que merecía y que ahora, en Noruega, siente que por fin se reconoce su labor.

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